Para esta exposición individual en París, el artista Enrich.R (b. Igualada, Brcelona 2001) presenta una serie de pinturas concebidas como un todo cohesivo. Cada lienzo afirma su propia presencia, pero resuena con los demás. El espacio invita a una experiencia holística: las obras se despliegan como una melodía visual, una partitura de líneas y colores que se revela gradualmente, moviéndose con un ritmo a la vez estructurado e intuitivo.
Las composiciones giran en torno a tonos profundos y ricos —verde intenso, negro azabache, rojo vino, azul marino— intersectados por una o más líneas brillantes. Estas líneas rompen el equilibrio cromático, estructuran el espacio pictórico e introducen una sutil tensión. De lienzo en lienzo, su número e intensidad cambian, creando una cadencia compartida, una respiración colectiva. Aquí, la línea se convierte en un elemento clave: organiza, conecta y pone en movimiento la superficie.
Esta serie se inspira en un paisaje íntimo: la casa del artista, enclavada entre campos de Cataluña. Los márgenes —los muros de piedra que delimitan las parcelas agrícolas en catalán— sirven como punto de partida conceptual más que formal, y dan nombre a la serie. Sugieren ideas de límite, separación, pero también de paso. Los lienzos nunca se cierran en sí mismos: se comunican, se responden entre sí y parecen fundirse entre sí. La obra está concebida de forma casi democrática, como un todo donde cada elemento tiene el mismo peso que la totalidad.
Enrich.R mantiene su compromiso con la pintura como lenguaje principal. La simplicidad, la armonía y la belleza formal estructuran su obra, siempre sustentada por una sutil tensión: la que surge entre el control y el accidente. A través de Early Lines, el artista ofrece una experiencia pictórica holística, donde la repetición, la variación y la desviación configuran un espacio para la contemplación. Los lienzos se afirman como lugares de paso, donde la línea, el color y la composición se entrelazan para crear una presencia que es a la vez serena y duradera.
Galería Alzueta. 8 rue de Beaux Arts. 75006 Paris
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PARIS.- Miró & Millares: Poética de la destrucción. Galería Mayoral. Del 15 de enero al 15 de marzo 2026
La amistad que unía a Joan Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983) con Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926 – Madrid, 1972) era profunda y sincera, a pesar de la diferencia de edad de más de treinta años. El enigmático Miró había apoyado con pasión a los rebeldes informales del grupo «El Paso» (1957-1960), guiando a este colectivo, como lo demuestran ciertas cartas y la monografía Papeles de Son Armadans (1959). Allí, animaba a los «amigos de El Paso»: «Hay que pintar con los pies en la tierra», decía, «para que la fuerza penetre por los pies».
A principios de 1961, sus exposiciones simultáneas en París (Miró en la Galerie Maeght, Millares en la Galerie Daniel Cordier) permitieron a la crítica Françoise Choay destacar su conexión, recordando que Millares había «descubierto la pintura y las enseñanzas de Miró» ya en 1946. Sin embargo, no fue hasta principios de 1959, en Barcelona, que ambos se conocieron, en la exposición de cuatro artistas de «El Paso» en la Sala Gaspar, a la que Miró asistió. El poeta Joan Brossa señaló entonces que «el fuego de la vida rugía con fuerza».
Esto marcó el inicio de un período de intensa correspondencia: cartas, tarjetas y felicitaciones navideñas, a menudo ilustradas, dirigidas a Millares y a su esposa. En estas cartas, Miró relataba su vida, sus viajes y su deseo de ver las exposiciones de Velázquez o Zurbarán en el Prado. Las influencias de Millares fueron múltiples: el arte aborigen canario, Miró, Goya, Castilla, así como el arte contemporáneo y la sociedad actual. Rindió homenaje a Miró en *Viaje a Miró* (1968) y asistió a la retrospectiva de Miró en Barcelona, que calificó de esencial y por la que expresó su más sincera gratitud. Miró asistió a numerosos homenajes y, tras la muerte de Millares, lo declaró «un pintor verdaderamente grande». Expresó su pesar por verlo partir tan joven, con su característica posesividad afectuosa. Al contemplar las obras de Miró (*Tela cremada*, *Cap*, *Objeto bárbaro*) en la Fundació Joan Miró, se percibe la influencia de Paul Klee en estos dos admiradores. Ambos exploraron una perspectiva a veces surrealista y defendieron una poética del espacio pictórico. Las pictografías de Millares de mediados de la década de 1950 son profundamente mironianas, como intuyó Françoise Choay en 1961. Miró influyó en la obra de Millares desde sus inicios a través del crítico Eduardo Westerdahl, y su presencia en Canarias antes de la guerra, a través de la Gaceta de Arte y diversas exposiciones, reforzó esta influencia. «Algún día habrá que escribir un libro sobre las influencias de Miró», concluyó Choay. Ambos artistas, al igual que Miró, a veces destruyen el espacio pictórico para reconstruirlo, practicando el arte del ensamblaje. La materia viaja entre ellos; el lienzo y la arpillera se convierten en instrumentos de poesía visual. Son verdaderos poetas de la expresión, del placer y el dolor de la existencia. Alfonso de La Torre
Galería Mayoral. 36 Avenue Matignon, 75008 Paris