Eduardo Chillida (1924-2002), uno de los escultores más destacados de la segunda mitad del siglo XX, exploró constantemente el espacio y la forma a través de una amplia gama de materiales: hierro, madera, piedra, arcilla de chamota, así como materiales más contemporáneos como el hormigón y el acero. También trabajó con el dibujo, el corte, el collage, el grabado y otras técnicas.

Las obras sobre papel de Chillida siempre ocuparon un lugar importante en su práctica artística. Los grabados presentados en esta exposición reflejan su deseo de explorar la relación entre vacíos y sólidos dentro de una obra bidimensional. La densidad de la materia se transmite mediante el negro; su ausencia, mediante el blanco. En ocasiones, buscaba el efecto contrario. Al grabar, Chillida trazaba líneas, pero también estudiaba las marcas accidentales producidas por la plancha, creando deliberadamente otras nuevas. Seleccionaba cuidadosamente el grano y la textura del papel —mate, grueso o liso— y desarrollaba composiciones a veces sorprendentes.

Su obra grabada es rica, concisa y exigente. Ha sido objeto de varias exposiciones en museos y se ha recopilado en un catálogo razonado de cuatro volúmenes. Cabe recordar que Chillida expuso por primera vez en la Galería de la calle Téhéran número 13 en 1950, como parte de una exposición colectiva de jóvenes artistas en la que participó Pierre Alechinsky. Posteriormente, en 1956 —hace setenta años—, realizó su primera exposición individual, acompañada de un catálogo con prólogo de Gaston Bachelard.

Galerie Lelong, 13 rue de Téhéran, Paris