Amor Submarino nació de una idea: el mar como lugar donde la percepción se altera y la humanidad pierde sus certezas. Como la canción de Smoke City, que describe un amor tan envolvente como el agua, cálido y envolvente, la exposición es un lugar para sumergirse, un lugar donde el cuerpo deja de pensar y se abre a una dimensión más íntima, casi mágica. El espacio se vuelve a la vez onírico y psicodélico, como una emoción incontrolable. Esta inmersión conecta con la idea de Lawrence Durrell en Clea: en el mar, el antropocentrismo se disuelve porque no hay un suelo sólido que sustente la arrogancia humana, solo profundidades, corrientes y criaturas. Bucear significa aceptar que la vida no nos pertenece por completo; significa adentrarse en un territorio donde la humanidad pierde sus certezas. Así nació Amor Submarino: el mar como metáfora del naufragio entendido como posibilidad.
La exposición presenta esculturas, pinturas y obra sobre papel, además de una gran instalación interactiva. En la entrada, nos reciben manzanas de cerámica de diversos tamaños; más precisamente, manzanas mordidas. La serie Manzanas Mordidas representa una serie de obras que simbolizan el primer acto de rebelión y libre albedrío. Las pinturas son el umbral a otra dimensión donde la percepción se vuelve porosa. Funcionan como cuevas, cavidades submarinas donde resuenan estados de ánimo, silencios y respiraciones lentas. Las obras sobre papel, por otro lado, incluyen múltiples lenguajes superpuestos: gesto, dibujo, color, líneas y vacíos. Aquí, la obra se construye como un sistema de capas que se influyen mutuamente, como en el fondo marino. Finalmente, una gran instalación con cintas de satén envuelve nuestros pasos.
Imagen: Nuria Mora – Galería Martina Corbetta
Martina Corbetta_Via Milano, 98. Giussano (MB)